Fieseler FI-103

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A: Una simple mira que supuestamente ayudaba a la alineación del objetivo, Los pilotos entonces dirigirían el avión hacia el blanco, lanzándose de la cabina antes del impacto. B:El Reichenberg IV tenía una instrumentación muy básica y supuestamente podría ser volado por cualquier piloto con un mínimo entrenamiento.La carlinga tenía sólo cuatro instrumentos. C: En el morro del Fi 103R-IV habia encastado 800Kg de explosivos.. D: Se estima que las posibilidades de sobrevivir de un piloto de ese rescate eran menos del 1%, debido a la proximidad de la tobera de pulsorreactor a la cabina.

 

El Oberleutnant Lange pertenecía a una unidad de la Luftwaffe denominada Kampfgeschwader 200 (Ala de Bombardeo nº 200) destinada a operaciones especiales y clandestinas. Aquella unidad contaba con aparatos experimentales, de transporte, de reconocimiento y aviones enemigos capturados, que se empleaban, entre otras cosas, para misiones secretas tales como lanzar agentes en territorio enemigo.

A inicios de 1944, Lange propuso la utilización de planeadores suicidas para atacar las centrales hidroeléctricas soviéticas, pero la idea no prosperó porque a sus superiores no les hizo mucha gracia. Entonces entraron en escena Skorzeny y Reitsch.
Otto Skorzeny era un oficial austriaco de las Waffen SS que en 1943 se ocupó de organizar una unidad especial denominada Friedentahl, que no era otra cosa sino los comandos de las SS. Con ellos, Skorzeny alcanzaría una gran fama, sobre todo gracias a la liberación de Mussolini, que llevó a cabo ya en 1943, o por la Operación Greif, en la cual sus hombres disfrazados con uniformes estadounidenses se dedicaron a sembrar cierta confusión en la retaguardia enemiga durante la batalla de las Ardenas. Aunque Greif fracasó, Skorzeny consiguió despertar en los yanquis cierto temor, por lo que le apodarían el hombre más peligroso de Europa.

Hannah Reitsch fue una famosa piloto que estableció varios records antes de la guerra.

En 1944 a Skorzeny y Reitsch, inspirados por las ideas de Lange, se les ocurrió que se podrían fabricar versiones tripuladas de las bombas volantes V-1 para que se arrojasen contra objetivos militares. Las V-1 normales (que todavía seguían en periodo de prueba) servían para ser enviadas contra una gran ciudad debido a que eran poco precisas, pero no contra un objetivo pequeño, como por ejemplo un barco. Para que tuviese la precisión necesaria, la bomba debía de ir tripulada. Al ser propulsada por cohete, la V-1 alcanzaba gran velocidad (645 km/h), lo que la hacía difícil de interceptar.

A Skorzeny y Reitsch se les ocurrió que las bombas tripuladas arrojadas contra la flota de invasión aliada podrían hacer fracasar el desembarco enemigo en Francia.
Enseguida se construyeron los primeros ejemplares de lo que se denominó Fieseler Fi 103 A-1 Reichenberg, es decir, la bomba volante V-1 tripulada. Se llevaron a cabo unas pruebas lanzando las V-1 pilotadas desde un bombardero Heinkel He 111, pero acabaron en sendos accidentes con los pilotos heridos.

En vista de eso, Hannah Reitsch decidió pilotar ella misma un cacharro de aquellos, y el vuelo tuvo éxito. Se entrenó a unos cien pilotos. Se suponía que iban a tener una pequeña oportunidad de salvar su vida eyectándose justo antes del impacto, pero vamos, la probabilidad era menos que mínima (Skorzeny dice en sus memorias que “se demostró que la voluntad de actuación de la mayoría de los voluntarios aumentaba cuando se les daba un uno por ciento de posibilidades de sobrevivir”; nos ha jodido). La unidad suicida era la 5/KG 200, es decir, la 5ª escuadrilla del KG 200, comandada por Lange. También se la conocía como “Escuadrilla Leónidas” (Leonidas Staffel), en referencia al rey espartano que se sacrificó con sus hombres en la batalla de las Termópilas tratando de detener al ejército persa.

Sin embargo, los comandantes del KG 200, el Oberst (coronel) Heinrich Heigl primero, y el Oberstleutnant (teniente coronel) Werner Baumbach después, siempre se opusieron con firmeza al asunto de las bombas suicidas. Baumbach insinúa en sus memorias que los voluntarios no habían sido realmente informados acerca de las casi nulas probabilidades de salir vivos de aquello. Vamos, que se les había dicho que las misiones eran peligrosas pero no hasta qué punto. En todo caso a Hitler tampoco le acababan de gustar las misiones de “auto sacrificio” (Selbstopfer), así que los 175 Fieseler Reichenberg construidos jamás se utilizaron.

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Aparato encontrado por los aliados al final de la guerra sin utilizar en muy buen estado
 
Soldados Americanos inspeccionando el artilugio
 

Fiseler FI-103

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