El Bombardero del dia del Juicio

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Faltaban pocos segundos para las 8 y 16 de la mañana del 6 de agosto de 1945. Los habitantes de Hiroshima, cansados de la guerra, se dirigían al trabajo cuando un segundo sol brilló en el cielo y el mundo cambió para siempre.

El coronel Tibbets reservó la primera misión para si mismo, a los mandos de un bombardero al que había bautizado «Enola Gay» el nombre de su madre

 

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Ante la noticia de la primera misión de bombardeo atómico fue la de llamarla «el acontecimiento más grande de la historia».

Por una vez, el veredicto de un político no resultó una exageración. La explosión de la bomba llamada «Little Boy», 550 metros por encima de la ciudad japonesa de Hiroshima, el 6 de agosto de 1945, fue un momento crucial de la historia de la humanidad. Desde el punto de vista militar, la misión no era una de las más comprometidas.

El objetivo principal y los alternativos habían sido cuidadosamente elegidos. Además, en aquel estadio de la guerra, con los japoneses escatimando lo que quedaba de sus reservas de combustible de aviación para Ha emplearlo frente a la previsible invasión, era improbable que un solo avión encontrase una gran oposición.

Sin embargo, el éxito dependía de múltiples factores que se entremezclaban entre sí.

El más importante de ellos era, naturalmente, la  propia bomba.

Los estudios  teóricos de científicos procedentes de Francia, Dinamarca y Gran Bretaña, habían convencido al gobierno estadounidense de la posibilidad de una arma basada en el principio de la fisión nuclear.

Le tocó a Estados Unidos coordinar el enorme esfuerzo industrial necesario para transformar la teoría en realidad

1. El bombardeo “Enola Gay” se aproximó a Hiroshima a una altura de 9.357 metros

2. La bomba de uranio “Little Boy” fue lanzada a las 08:15

3. El avión realizó un giro de 155 grados y descendió 518 metros.

4. La bomba explotó con una fuerza de 13 kilotones a una altura de aproximadamente 576 metros sobre la ciudad.

5. La onda expansiva alcanzó el avión menos de un minuto más tarde a una velocidad de 335 metros por segundo.

Bombas incendiarias sobre Tolkio

En el verano de 1945, Japón no había sido aún vencido. La poderosa Flota Imperial había casi desaparecido y los pocos buques supervivientes se oxidaban en los puertos faltos del combustible para zarpar. La conquista del Pacífico había fracasado por obra de los portaaviones y de las Task Force anfibias. El bloqueo realizado por los submarinos había estrangulado el tráfico comercial marítimo, interrumpiendo el flujo de materias primas, la razón principal por la que Japón había entrado en guerra.

Más aún, los centros industriales estaban sometidos a un diluvio destructor desde el aire de una ferocidad nunca vista anteriormente. Los enormes B-29 lanzaban bombas rompedoras e incendiarias destruyendo una ciudad tras otra. Tokio había sido devorada por las llamas y la tempestad de fuego mató a centenares de miles de personas en las incursiones más devastadoras que se hubiesen visto.

Sin embargo, los japoneses no se habían rendido. Era evidente que sería necesaria una intervención aún más terrible que hiciera desaparecer su determinación

Decisión Política:

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Sin embargo, poseer la bomba y llegar a utilizarla eran dos cosas completamente distintas.

La bomba atómica no era un armamento bélico habitual y la decisión de lanzarla no era de naturaleza militar. De hecho, muchos de los altos mandos de Truman eran contrarios a su empleo:

creían que, incluso sin invasión, el colapso final de Japón no tardaría mucho. Para el presidente, sin embargo, existían otras consideraciones.

Casi tres meses después del final de la guerra con Alemania, Rusia no había declarado aún la guerra a Japón.

El antiguo aliado era considerado ahora como una amenaza para la paz en Europa. Una clara demostración del poderío estadounidense habría ayudado a contener tal amenaza.

El 25 de julio, Truman confirmó que, a menos que Japón se rindiera incondicionalmente, la misión de bombardeo atómico se llevaría a cabo.

La base del 509° Composite Group (grupo mixto), la unidad encargada de lanzar el arma definitiva de la guerra, era North Field, una de las tres pistas de 2500 m de la isla de Tlnian, en el archipiélago de las Marianas.

Para el coronel Paul Tibbets, jefe del Grupo y el hombre que debería guiar el B-29 destinado a lanzar el ingenio, la mayor preocupación era el despegue. Incluso con sus cuatro hélices de 5 metros, accionada cada una por un poderoso motor radial de 18 cilindros en doble estrella turboalimentado Wright Cyclone de 2 200 CV,

Un B-29 normal requería una pista larguísima. Y las cuatro toneladas de la «Little Boy» hacían al «Enola Gay» (así había bautizado al avión encargado del lanzamiento) distinto de lo normal.

Una Pesada Carga:

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Tres B-29 se habían ya estrellado en la tentativa de despegar desde la pista de Tinian con una carga similar.

La perspectiva de arrasar la isla entera si el «Enola Gay» tuviese una suerte semejante no era una de las que los nueve científicos del Proyecto Manhattan (el nombre en código del proyecto de estudio y desarrollo de la bomba atómica) se hubiesen parado a considerar. Así, uno de ellos, el capitán William Parsons, pasó la mayor parte del día anterior asegurándose de que podría armar la bomba tras el despegue.

Con escasos metros de margen, el Superfortress se elevó en el aire a las 02.45 hora local y puso rumbo a Japón. Tan pronto el avión alcanzó los 2 500 metros de altura, Parsons pasó a la bodega de armas para repetir el cebado del detonador.

Una hora y media más tarde, la bomba estaba armada y lista. Tres aviones de exploración meteorológica habían despegado más de una hora antes que el «Enola». Su tarea era la de transmitir las condiciones sobre Hiroshima y los objetivos alternativos de Kokura y Nagasaki.

Si el primero no hubiese estado despejado, Tibbets habría tenido que escoger el alternativo. No fue necesario. Un mensaje radio en código enviado por el comandante Claude Eatherley, a bordo del avión meteorológico «StraightFIush», confirmó que la visibilidad sobre Hiroshima era buena. En tierra, la aparición del avión explorador desencadenó una alarma de incursión aérea a las 07.31 horas.

A Ias 07.53 sonó el cese de la alarma cuando el «Straight Flush» se alejó. Sin embargo, el mensaje que había transmitído  condenó a muerte a decenas de miles de personas.

Pocos minutos después otros dos aviones, el «Enola Gay» y un avión de escolta y observación que lo acompañaba aparecieron en el cielo las 08.09, los tripulantes de ambos aviones se pusieron gafas de soldador, listos para el lanzamiento de la bomba y cuatro minutos después Tibbets cedió los mandos a su bombardero apuntador, el comandante Thomas Ferebee.

La Explosión:

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El punto de referencia era un puente sobre el brazo más ancho del delta del río Ota y la bomba estaba lista para ser lanzada a las 08.15, hora local. Sólo diecisiete segundos después, con el B-29 a una velocidad de 285 millas por hora (casi 460 km/h) y a una cota de cerca de 9 700 m, «Little Boy» abandonó el vano de bombas y abrió el paracaídas que estabilizaría su descenso. El «Enola Gay» y su escolta viraron rápidamente 150 grados y se alejaron. Cincuenta y un segundos despues, a 244 metros del suelo, la bomba explosionó, devastando la ciudad.

El número de personas muertas por la combinación de la explosión, el calor, los incendios y la radiación liberada nunca se sabrá con exactitud. Algunos han llegado a estimar el total en más de un cuarto de millón de víctimas. La tripulación del «Enola Gay» todavía pudo ver la nube de escombros que ascendía

 

 

 

 

 

 

 

Enola Gay y Little Boy

Se construyeron dos tipos de bombas para las misiones atómicas. La primera en ser utilizada en guerra fue «Little Boy», un ingenio de cuatro toneladas en el que dos masas de plutonio, un elemento artificial, eran disparadas una contra otra para formar una masa crítica y generar una reacción en cadena veloz. La tarea de lanzar la Bomba se confió al coronel Paul Ribbets,

Enola Gay
Litte boy

Experto comandante del 509° Composite Bomb Group, creado al efecto. Sus selectos pilotos se habían ejercitado durante meses, lanzando bombas falsas de cuatro toneladas desde alta cota para después alejarse a toda velocidad. Sin embargo, sólo el comandante sabía exactamente qué tipo de arma estaban a punto de emplear.

 

Los efectos de la explosión fueron sobrecogedores.

Pocos instantes antes de las  08.16 una luz brillante rasgó el cielo cegando a todo el que la observó directamente. El centro de la esfera de fuego alcanzó una temperatura de un millón de grados y el calor lo vaporizó todo en un radio de un kilómetro alrededor del punto de detonación.

Siguió tremenda onda expansiva que empujó el aire  hacia fuera a velocidad supersónica; el aire sería después succionado hacia dentro por el vacío así creado.

En el suelo, las zonas entorno a la vertical de la explosión quedaron completamente devastadas. La onda expansiva y el calor fueron suficientes para incendiar gran parte del resto de la ciudad.

La destrucción física estuvo acompañada de una intensísima emisión radiactiva. El material arrebatado por el aire e irradiado ascendió miles de metros para después caer en forma de polvo radiactivo (fall-out). Las enfermedades causadas por la contaminación nuclear continuaron matando durante decénios.

Hiroshima.

La Tercera Bomba Atómica  ¿Verdad o ficción?

Días después del bombardeo a Hiroshima y Nagasaki, se efectuó un tercer bombardeo atómico el 14 de Agosto de 1945, al menos esa fue la conclusión especulativa del autor Jim Smith.

La Historia

La historia oficial de la Segunda Guerra Mundial dice que se terminó con el lanzamiento de dos bombas atómicas, pero según el libro de Jim Smith, fueron tres. Por los últimos documentos desclasificados se sabe que los bombardeos de precisión persuadieron a los líderes militares japoneses a rendirse. Las refinerías y los depósitos de petróleo y otros combustibles en Japón fueron sistemáticamente destruidos y por tanto la maquinaria bélica japonesa estaba totalmente detenida.

Documentos Desclasificados

Pero después de 1985 los documentos hasta esa fecha guardados como secretos fueron desclasificados y salieron a la luz pública. Gracias al análisis de esos documentos, Jim Smith concluyó que que seis días después del lanzamiento de la bomba en Nagasaki, una nueva misión atómica se llevó a cabo. Mientras que la Agencia de Noticias Domei anunciaba al Gobierno de estados Unidos que la rendición ocurriría en breve, se finalizaban los preparativos para una nueva misión.

La Refinería Tsuchizaki

El blanco era la Refinería de Petróleo Japonesa en Tsuchizaki cerca a Akita que está situada a poco menos de 500 Kms de Tokio en la costa noroeste de Japón. Esta era la última misión encargada de terminar la destrucción de los depósitos de combustible y de capacidad de refinación de Japón. No se puede dudar, que la intención del comando americano era evitar la invasión del Imperio Japonés que hubiera costado millones de vidas en ambos bandos. La última de las 15 misiones efectuadas entre el 25 de Junio de 1945 y el 14 de Agosto de 1945, se realizó con 134 aviones B-29 pertenecientes al 315 Ala de Bombardeo, estacionados en la isla de Guam -en las Marianas- con una dotación de 1300 hombres. Entre ellos se contaba la tripulación del “For The Luvva Mike” B-29 encargado de llevar la bomba atómica.

La refinería Tsuchizaki se encontraba tan distante de Guam -5984 Kms- que los mandos japoneses nunca pensaron que no podía ser blanco de los bombarderos. Los 143 bombarderos volaron la misión más larga de la guerra desde las bases en Guam.

¡Bomba Fuera!

A las 4pm del 14 de Agosto, la flota estaba en camino, los navegantes esforzándose al máximo para lograr ahorrar el combustible que los llevaría de regreso. Después de 8 horas en el aire, los aviones adquirieron el blanco por medio del radar. Ya era la media noche.

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