La Verdadera História De Vassili Zaitsev

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Vassili Zaitsev

Esta es la verdadera História del fracotirador Ruso Vassili Zaitsev. Su sorprendente habilidad para abatir a sus enemigos con una sola bala.

Los periódicos rusos hicieron desde entonces famoso el nombre de Vassili Zaitsev. En el plazo de diez días mató a cerca de cincuenta alemanes y los corresponsales escribieron con maligno placer acerca de su sorprendente habilidad para abatir a sus enemigos con una sola bala.

Se trataba de una técnica que había aprendido mientras cazaba el ciervo en los bosques que rodeaban a Elininski, su hogar en la ladera de los montes Urales. Pastor durante los veranos, a la edad de quince años acudió a la escuela técnica de Magni-togorsk. Después, sirvió como tenedor de libros en la Escuadra soviética del Lejano Oriente.

El 20 de septiembre de 1942, Zaitsev, con su ancha cara, llegó a Stalingrado con la 284 División. Ahora era un héroe nacional y, como su nombre se esparció a través de la tierra de nadie, los alemanes tomaron un excesivo interés por él. Llamaron a Berlín para que viniese un tal comandante Konings para que lo matase.

El general Chiuvkov inspeccionando el arma de Vassili Zaitsev.

En enero de 1943 Vassili es herido con fuego de mortero causándole una ceguera temporal de la cual pronto se recuperó y pudo seguir combatiendo junto al grueso de las tropas del Ejército Rojo. Acabada la Batalla de Stalingrado con victoria soviética, Vassili siguió el destino del Ejército Rojo iniciando un eficaz contraataque contra las tropas del Eje del Grupo de Ejércitos Sur del Frente Ruso. Para Vassili la Segunda Guerra Mundial finalizó en el Río Dniéster donde el Ejército Rojo continuaba su avance imparable para la ocupación de Rumanía.

 Vassili Zaitsev en acción, típica imagen de propaganda soviética.

Vassili se casó y se instaló en Kiev (Ucrania) donde ejerció como ingeniero y donde acabaría sus días curiosidades del destino, 10 días antes del colapso total de la Unión Soviética. Los restos del condecorado como héroe de la Unión Soviética descansan en la actual Volgogrado, la antigua Stalingrado que tantos alemanes vio caer bajo la mira telescópica de Vassili Zaitsev

Desconocedor del plan alemán, Zaitzev continuó su guerra de un solo hombre y empezó a enseñar a otros treinta rusos su especialidad. La rubia Tania Chernova era uno de sus alumnos. Y los dos se convirtieron en amantes.
A Tania le gustaba su nueva vida. Impávida tras su experiencia en el Volga y en las cloacas, se transformó en un soldado profesional, vivió en pozos de tirador, bebía vodka y comía con una cuchara que se guardaba en la bota. Dormía acurrucada al lado de hombres extraños y se bañaba en pozales de agua. También aprendió a buscar protección en el frente de trincheras, a seguir al enemigo a través de la mira telescópica y, lo más importante, a esperar durante horas antes de disparar un solo tiro mortal.
Más allá del sur, cerca de la fábrica Octubre Rojo, El Francotirador Vassili Zaitsev acechaba las líneas»del frente. Ahora ya había matado casi a cien alemanes y le habían condecorado con la orden de Lenin. Su fama se había extendido por toda la Unión Soviética.

Además, sus alumnos habían amasado un número formidable de víctimas. Hombres como Víctor Medvedev y Anatoli Chéjov consiguieron que los alemanes temiesen asomar la cabeza durante el día. Y el tirador apostado en que se había convertido Tania Chernova, disparaba ahora el fusil con una precisión infalible. Con su puntería había matado a unos cuarenta alemanes y seguía

«Si malgastas balas con la pescadilla no cazarás a los peces gordos”.

refiriéndose a sus víctimas como » bastones «. Pero Tania aún tenía mucho que aprender.
Desde el último piso de un edificio, solía contemplar detrás de montones de ladrillos el ir y venir del enemigo. Muchos otros aprendices de francotiradores la acompañaban mientras ella observaba durante horas, siguiendo la pista a los alemanes que se escabullían por aquí y por allá entre las trincheras.

Tania y su pelotón los apuntaban con las miras telescópicas centradas en sus cabezas y corazones. Pero ninguno disparaba, ya que Zaitzev les había dicho que esperasen a obtener su aprobación antes de revelar sus posiciones.
A Tania la orden la sacaba de quicio. Disgustada por haber perdido de esa forma muchos «bastones», se encontraba inquieta junto a la ventana echando maldiciones por el retraso. Cuando una columna de infantes alemanes salió de repente al descubierto, chilló:  Fuego !! y la habitación llameó con los disparos. Tania asestó un tiro tras otro en los uniformes verdegrises y contó hasta diecisiete hombres muertos tendidos en el pavimento. Exultante, se acomodó en una silla e intercambió felicitaciones con sus amigos. Pero no tuvo en cuenta a algunos alemanes, que se arrastraron hasta sus líneas con las coordenadas exactas del escondite de Tania. Al cabo de unos minutos, una sucesión de cañonazos aplastó el edificio donde se encontraban los rusos. Tania abandonó a los muertos y corrió a decir a Zaitzev lo que había ocurrido.

Cuando oyó el enloquecido relato de la muchacha, Zaitzev la abofeteó con toda su fuerza, censurándola por su estupidez. Le dijo que sólo ella era la responsable de las muertes de sus amigos. Afligida por su culpabilidad y espantada ante la ira de Zaitzev, Tania lloró durante horas.

El Mosin-Nagant el famoso fusil que utilizó Vassili exibido en el museo de Stalingrado.

Antony Beevor

Ni Chejov ni Zátziev fueron los mejores francotiradores rusos: Iván Sidorenko ostenta el récord con 500 muertos y le siguen otros cinco que pasan de los 400. Una mujer francotiradora, la comandante Lyudmila Pavlichenko, contabilizó 309. Tras la guerra se reconvirtió en historiadora.

Tania Chernova

Entre Mito Y Realidad

 

La historia de Tania Chernova mezcla una gran dosis de mito y una no menos importante cantidad de verdad. La realidad ineludible es que, por mucho que la leyenda afirme que fue la amante de Vassili Zaitsev mientras este combatió en la defensa de Stalingrado, pocos documentos corroboran esta teoría.

Un ejemplo es que el mismo maestro de francotiradores omite que mantuviera una relación con esta bella rubia en su biografía («Memorias de un francotirador en Stalingrado»). No obstante, el que la propaganda soviética exagerara parte de las vivencias de esta mujer no implica que su existencia no fuese tangible.

De hecho, historiadores como Andrew Roberts confirman este hecho y adjudicaban a la chica casi un centenar de bajas durante la Segunda Guerra Mundial. «También las mujeres eran buenas francotiradoras. Tania Chernova, de la 294ª División Siberiana, se atribuía 80 muertos en tres meses», explica el experto en su libro «La tormenta de la guerra».

El escritor Paul Dowswell, por su parte, considera que la vida de esta mujer es «indudablemente cierta». Con todo, la mayoría de los autores que hacen referencia a sus peripecias de la mano del cazador de los Urales (Zaitsev) se basan en el libro «Enemigo a las puertas», del historiador William Craig. Una obra que cuenta (como él mismo señala) con entrevistas a la propia mujer, pero que ha sido también calificada de exagerada por sus críticos.

 

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En medio de los preparativos de ambos Ejércitos para la lucha final, en la tierra de nadie llegaba a su ápice un siniestro combate personal. Los dos adversarios se conocían sólo por su reputación. El comandante Konings había llegado de Alemania para su duelo con Zaitzev.
Los rusos se enteraron por primera vez de la presencia de Konings cuando un prisionero reveló que el comandante estaba recorriendo las trincheras del frente, familiarizándose con el terreno. Tras oír la noticia, el coronel Nikolái Batiuk, el comandante de la 248 División, tuvo una reunión informativa con su grupo de francotiradores para comunicarles el peligro.
-Creo que el superfrancotirador que ha venido de Berlín será para vosotros un bocado fácil. ¿ No es verdad, Zaitzev ?
-Sí, camarada coronel -asintió Zaitzev-. Pero primero habrá que encontrarlo, estudiar sus costumbres y métodos y… esperar el momento oportuno para un tiro certero, sólo uno.
Zaitzev no tenía idea de por dónde operaba su antagonista.

Había matado a muchos tiradores alemanes de primera, pero sólo tras haber observado durante días sus hábitos. En el caso de Konings, su camuflaje, pautas de tiro, artimañas, todo ello constituían piezas aún perdidas de un rompecabezas.
Por otra parte, el servicio secreto alemán había estudiado los opúsculos que describían las técnicas soviéticas de los francotiradores y la forma de actuar de Zaitzev habían sido muy difundidas por los propagandistas rusos. El comandante Konings debía de haberse enterado a fondo de esa información. Zaitzev, en cambio, no tenía la menor idea de cuándo actuaría el otro.
Durante varios días, los tiradores rusos buscaron entre las ruinas de Stalingrado con ayuda de sus gemelos de campaña. Fueron a ver a Zaitzev y le expusieron las estrategias más recientes y modernas, pero el ceñudo siberiano rechazó sus consejos. Debía aguardar hasta que Konings hiciese su primer movimiento.
Durante este período no ocurrió nada fuera de lo corriente. Luego, en rápida sucesión, dos francotiradores soviéticos cayeron víctimas de sendos tiros de fusil. Para Zaitzev era evidente que el comandante Konings había señalado el comienzo de su duelo personal. Entonces, el ruso se dirigió a echar una ojeada a su rival.
Se arrastró hasta el límite de la tierra de nadie entre la colina Mámaiev y la fábrica Octubre Rojo y exploró el campo elegido para el combate. Estudió las trincheras enemigas a través de los prismáticos y vio que nada había cambiado: el terreno era el familiar, con trincheras y bunkers según los mismos moldes que ya había memorizado durante las pasadas semanas.

Vasili Záitsev

Durante toda la tarde, Zaitzev y un amigo, Nikolái Kulikov, permanecieron a cubierto, dirigiendo los gemelos de un lado a otro, sin parar, en busca de una pista. En medio del constante bombardeo diario, se olvidaban de la guerra y sólo perseguían a un hombre.

Cuando el sol empezó a ponerse, vio cómo se movía de un modo irregular un casco a lo largo de la trinchera alemana. Zaitzev pensó en disparar, pero su instinto le avisó que debía tratarse de una trampa, ya que Konings debería tener afuera un compañero para atraparle a él. Exasperado, Kulikov se preguntó:

– ¿Dónde puede estar escondido?

Pero Konings no ofreció el menor indicio de su propia posición. Al sobrevenir la oscuridad, los dos rusos retrocedieron hasta su propio bunker, donde charlaron un largo rato acerca de la estrategia del alemán.

Antes del alba, los francotiradores se dirigieron a sus propios hoyos en la linde de la tierra de nadie y estudiaron de nuevo el campo de batalla. Konings siguió silencioso. Maravillado de la paciencia del alemán, Zaitzev empezó a admirar la habilidad profesional de su adversario. Fascinado ante la intensidad de aquel drama, Kulikov habló con animación mientras el sol se elevaba hasta el cénit y empezaba a descender detrás de Mámaiev. En cuanto llegó de pronto otra noche, los combatientes regresaron a sus propias trincheras para poder dormir un poco.

A la tercera mañana, Zaitzev recibió una visita, un agitador político llamado Danilov, llegado de lejos para ser testigo del desafío. A las primeras luces, los cañones pesados empezaron su normal barrera artillera y, mientras los obuses silbaban por encima de sus cabezas, los rusos contemplaron el paisaje en busca de una presencia delatora.

De repente, Danilov se levantó gritando:

-Allí está. Se lo voy a señalar.

Konings disparó contra él y le alcanzó en el hombro. Después de que los camilleros se llevaron a Danilov al hospital, Vasili Zaitzev se quedó agazapado.

Cuando examinó con los prismáticos el campo de batalla, concentró su atención en el sector de enfrente. A la izquierda había un carro destruido; a la derecha, un nido de ametralladoras. Desdeñó el carro porque sabía que ningún francotirador con experiencia elegiría un objetivo tan expuesto. El nido de ametralladoras también se hallaba abandonado.

Zaitzev continuó moviendo los prismáticos. Los enfocó sobre una plancha de hierro y un montón de ladrillos que se encontraban entre el carro y el nido de ametralladoras. Siguió el movimiento de los gemelos y volvió luego a esa rara combinación. Durante minutos, Zaitzev se demoró sobre la plancha. Tratando de leer los pensamientos de Konings, decidió que el inocuo montón de ladrillos era un perfecto lugar para esconderse.

Para probar su teoría, Zaitzev colgó un guante del extremo de un trozo de madera y lo levantó despacio por encima del parapeto. Sonó un disparo de fusil y bajó a toda prisa el guante. La bala había hecho un agujero en la parte central del paño. Zaitzev estaba en lo cierto: Konings se encontraba bajo la chapa de hierro.

Su amigo Nikolái Kulikov estuvo de acuerdo:

-Allí está nuestra víbora – le susurró.

Los rusos retrocedieron a su trinchera para encontrar otra posición. Deseando colocar al tirador alemán enfrente de la mayor luz cegadora posible, siguieron la irregular línea de las trincheras hasta que encontraron un lugar en el cual tendrían a sus espaldas el sol de la tarde.

A la mañana siguiente se instalaron en su nueva guarida. A su izquierda, hacia el este, los transbordadores del Volga luchaban de nuevo contra el fuego de morteros enemigos. Al sudeste, la plancha de hierro bajo la que se ocultaba su adversario. Kulikov disparó un tiro a ciegas para despertar la curiosidad del alemán. Luego los rusos descansaron tranquilamente. Sabiendo que el sol podría hacer reflejos en sus miras telescópicas, esperaron con paciencia a que descendiera por detrás de ellos. A última hora de la tarde, rodeados ahora por la sombra, Konings se hallaba en desventaja. Zaitzev enfocó su mira telescópica hacia el lugar donde se escondía el alemán. De repente, brilló un alza telescópica en un extremo de la plancha. Zaitzev hizo una señal a Kulikov, el cual levantó despacio su casco por encima del parapeto. Konings disparó de nuevo y Kulikov cayó chillando de modo muy convincente. Sintiendo que había ganado, el alemán alzó la cabeza poco a poco para contemplar a su víctima. Vasili Zaitzev le alcanzó con un disparo entre los ojos. La cabeza de Konings cayó hacia atrás y el fusil se le deslizó de las manos. Hasta que el sol se puso, la mira telescópica brilló y centelleó. Al oscurecer, dejó de brillar.

“Nunca hubo un francotirador alemán llamado mayor Konings”
Beevor afirma que el maratoniano duelo con el as alemán es un mito.
“Nunca hubo un francotirador alemán llamado mayor Konings”, me recalca Beevor, que trató ampliamente el tema en su canónico Stalingrado. Ni en fuentes oficiales alemanas ni rusas. “Investigué todos los informes de francotiradores en Stalingrado que existen en los archivos del Ministerio de Defensa y por tanto puedo decir con toda seguridad que el épico ‘duelo de francotiradores’ entre los ases alemán y ruso nunca ocurrió.
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10 COMENTARIOS

  1. Hola,soy un chico con 16 años de edad y la verdad que me atrapo mucha la historia de vasili,y mas cuando vi la pelicula enemigo a la puertas.Tengo una duda que me quedo al leer este material,despues de que surgio el amor entre vasili y tania,y de que vasili se halla convertido en un ingenirio…ellos dos nunca se volvieron a ver? o a estar juntos como pensamban estar en la pelicula? desde ya saludos y muchas gracias..

    • Nunca más se encontraron. Tania siempre creyó q Vasily había muerto en 1942. No fue hasta 1969, cuando un reportero se comunicó con ella para entrevistarla, q Tania supo la verdad. Vasily estaba vivo, y aunque hizo esfuerzos por buscarla, nunca la encontró debido a que los documentos relacionados a la guerra fueron destruidos o traspapelados. Sin embargo, aunque ambos admitieron que nunca dejaron de amarse, decidieron no buscarse más. Vasily murió en 1991.

  2. fue una fascinante historia, donde cada soldado ruso defendió su patria aun con su vida…los nazis supieron lo que eran los comunistas…Vasily, tal ves el mejor tirador entre ellos fue por sobre todo un campesino bolchevique. Tal ves mas adelante los Yanquis aprendan lo que es meterse con los rusos. Los yanquis que no tienen nada que envidiarle en crueldad a los nazis, un día sabrán la espera de esos hombres del este…solo falta un nuevo Stalin que los guíe.Hurra!

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